lunes, 13 de septiembre de 2021

Tantos años después

 Hoy vuelvo a leerme.
Hoy vuelvo a mirar por los ojos sucios de llanto de los veintitantos, por las heridas infectadas que dejaron tantos y tantos dolores. Y ya miro como por una ventana ajena.
Y las heridas de esos años se vuelven cicatrices y se vuelven arrugas, y ya no pesan como cadenas sino apenas son el vaho del recuerdo, una marca en la piel, una historia que quedó atrás.
Cuántos amores, cuántos dolores. Cuántas decepciones y cuántas lecciones aprendidas. Cuántos puentes rotos y cuántos llantos ya terminados. Cuánta calma ganada a punta de tristezas, y cuánta tristeza sosegada por la calma.
Cuántos sueños abandonados, desechados. Cuántos luminosos recuerdos de infancias nuevas, cuántas culpas sigo cargando.
Cuánta agua bajo el puente.

jueves, 31 de marzo de 2011

Otoño

Este otoño han caído mucho más que hojas secas. 
Caen los sueños, las ilusiones, las esperanzas, la fe.
No se derrumban de golpe como castillo de naipes.
Se caen lentamente como las hojas del árbol.


Este otoño comienzo a perder la fe.
La fe en mí y en el mundo.
La fe en mi camino y en mi habilidad para recorrerlo.
La fe en los demás.


Sacar cuentas no muy alegres.
Aprender a abrir los ojos.
Desilusionarse.


Este otoño empecé a envejecer.

domingo, 27 de junio de 2010

Respuesta

Querida:

Hace tanto tiempo que no sabía nada de ti. Me alegro que estés bien, que se hayan adaptado en Barcelona tu gordo y tú, que al fin tomen en cuenta tu trabajo, que tu embarazo se haya afirmado y las pérdidas hayan pasado. Me preguntas por mí, que cómo está mi vida, que si alguna vez me va a durar una relación en serio, que ya está bueno que termine la carrera.
¿Sabes? Me siento bien, pese a todo lo que ha pasado. Ando contenta, y no había podido decir eso con ganas hace años.
Creo que no me vas a entender, que nunca vas a lograr ponerte en mi lugar, pero a la larga da lo mismo, te vas a olvidar de este correo apenas termines de leerlo.
La única cosa que yo nunca entendí y ahora quisiera preguntarte es por qué te mamaste tantos años a mi lado si siempre te caí mal, y saber por qué preparaste por tanto tiempo esa venganza, si a la larga yo siempre me las arreglo, y lo sabes. Fue un error táctico de principiante, tienes que reconocerlo: quemaste tus cartuchos con pocas bajas para el enemigo.
Suerte para la próxima.Ya no será conmigo.


Besos,
Laura.

miércoles, 16 de junio de 2010

Dispersión

"Dispersa, así ando: absolutamente dispersa". Caminó, sin concentrarse mucho en nada de lo que pasaba bajo sus pies, sobre su cabeza o junto a sus caderas. Le daba vueltas en la cabeza la idea de probar un refuerzo farmacológico, una nueva relación, meditación zen o un viaje a Pernambuco. Ya llegaba a casa. Y tan distraída iba que no vio las señas desesperadas del vecino del frente, ni recordó el consejo de su hermana de tener precaución con los hombres tuertos al tirarle las cartas dos semanas atrás. Y dispersos quedaron los cachivaches de su cartera, dispersa su sangre sobre la vereda.

lunes, 14 de junio de 2010

Fragilidad

Siempre le tuve miedo a la fragilidad. A la de la vida, de los afectos. A la fragilidad de la mente y del cuerpo. A la fragilidad del orden, de la estabilidad, de los recuerdos y de mis mundos construidos sobre mis propios miedos. 
No recuerdo cuándo te vi por primera vez, quizás porque en ese momento tu presencia me era absolutamente intrascendente. Sí recuerdo, en cambio, la última vez que te vi, despidiéndote a través de la ventanilla. De alguna manera mi cuerpo intuyó antes que mi cabeza que ese gesto ligero de tu mano diciendo adiós era el más definitivo de todos. La mañana se me antojó el doloroso salto al abismo de tu ausencia, y el despegue de toda la materia viscosa y gris que me asqueó durante esas últimas semanas que pasamos. 
Contigo se fueron tantas cosas, que siento que parte de la que fui se murió. No es raro: más de diez años en común dejan más de una marca en la pared. Y ahora... tan lejos, tan lejos, tan ajena, tan asqueada de toda la turbiedad del final... Creo que el terremoto sacudió algo más que la tierra y los cimientos de las casas.
La fragilidad de nuestra relación, que necesitó menos de tres meses para morir... Sé que desde esa tarde de cervezas en Bellavista algo olía raro, que tu llegada tenía un frío que no quise asociar con el fin, haciéndole el quite a reconocer que ese olor era el olor de la muerte. 
Hoy estás lejos, hoy quieres estar lejos. Hoy te fuiste, dejando un sabor de retorcidas excusas, de sombras de sospechas jamás confirmadas, de rencores que yo ya había olvidado y que tú me soltaste justo antes que la tierra nos zamarreara.
Necesitaba enterrarte en mi memoria, junto con todos mis fantasmas: los que me hirieron, los que herí yo, los que me traicionaron, los que me abandonaron, los que abandoné yo, las cuerdas que se cortaron solas y las que corté yo, los que me negaron, los que yo negué, los que se fueron alejando por la montaña de mierda que de ambos lados dejamos crecer al medio. Hoy tú te vas. Hoy puedo cerrar el círculo, hoy cierro el hoyo que dejaste en el pecho, hoy cierro la puerta. A nuestra edad ya no se abre de nuevo.

domingo, 31 de enero de 2010

Te elimino.


Qué ganas de ser, por una vez (y este deseo no se repetirá) Neruda rompiendo tu recuerdo con los versos finales del "Poema 20", y no la eterna Gabriela Mistral de "Balada". Qué ganas de sacarme tu imagen-obsesión con determinación, y no sufrir cada noche autoflagelándome con tu desprecio. Si, al menos, valieras todas las lágrimas, todo la angustia... pero el final de todo fue tan vulgar, como cualquier villano de teleserie mejicana... que no puedo transfigurarme de dolor con tu imagen, sino que simplemente me pesa en el pecho, en la lengua y en el útero, y se me pega como candado oxidado. Y se descompone, y hiede.
Creo que lo único que guarda tu imagen en mí es la suma de mi obsesión y la imagen que tuve de ti, antes de la decepción final... ni siquiera una traición heroica que amerite tu propia expiación, sólo fue la vulgaridad de tu propia mesura falsa, plástica, kitsch. Equilibrio-en-tres-fáciles-pasos. Un final de valsecito peruano o de corrido mejicano o de bolero hubiese sido digno, pero no el silencio vacuo de una balada-pop-romántica-latina.La ofensa de la vulgaridad es la peor traición que pudiste hacerle a la memoria.
Y ahora sí, ahora que ya me limpio lo último que quedaba, te puedes ir. Pero no con una lágrima secándome en mis ojos, sino con lo único que le queda a tu mediocridad: una canción de Arjona (te la debo porque no me sé ninguna). Y por fin, al fin, tu fin, este fin.

Una niña llora al romperse las rodillas por centésima vez


Cuchillada, patada, mordisco,
pellizco, bofetada, puñetazo,
azote contra la muralla,
caída sin protecciones en la roca viva,
porrazo tras prorrazo,
levantarme para caer de nuevo,
quitarme las rodilleras emocionales
torpemente confiando "ahora sí funciona"


Paf! Tamm! Zp! Crash! Tsh! Bom!
¿cuántos dolores tengo que pasar
por cada uno de mis errores de juicio?
¿cuántos errores más al juzgar a los que están,
los que estuvieron y los que esperan a la vuelta?
¿a cuántos más les ofreceré la piel sin coraza?
¿cuántos más me desgarrarán?

¿y por qué no les duele, cuando me dan
con las mentiras en la mandíbula?
¿con la indiferencia en el vientre,
con la injusticia partiendo mis codos?
Y mis aullidos no tocan sus oídos ciegos.


martes, 12 de enero de 2010

Déjà-vu



Ella ya sabía que eso iba a pasar. Siempre era igual. Como si fuesen cincuenta ensayos de la misma obra con cincuenta actores distintos y siempre, siempre, el mismo parlamento. Como si todas las historias de amor de su vida no fuesen más que un casting para encontrar el protagonista de una historia sin final feliz. 
Miró la hora; eran casi las dos de la mañana. Quién fuera como Scarlet O'Hara y mandarlo todo sutilmente a la mierda con un "Al fin y al cabo, mañana será otro día", lleno de estilo. Se levantó, abrió la puerta y miró arriba. Allí estaba, la luna -siempre sola en medio del cielo. Prendió un cigarrillo. Mirar la luna era reconfortante, aunque fuera para aceptar una derrota más. 
A la cresta, -pensó- si ya sabía que eso iba a pasar.
Y se fue a llorar a la cama.


lunes, 14 de diciembre de 2009

Y sigo con la autorreferencia...


Como si sólo pudiese escribir desde mis nervios.
Como si sólo pudiese escribir desde mi vientre.
Como si sólo pudiese escribir desde mis hormonas.
Como si no tuviese la más mínima capacidad de ser
inteligente, o al menos racional.

A veces, desearía que estas letras no se unieran
tanto a mí misma.
A veces me avergüenzo de mi propia
autorreferencia circular.


miércoles, 9 de diciembre de 2009

El vicio

 
"Tengo una palabra justa en medio de la lengua"
Jorge Díaz.
 
 
El vicio de escribir, compulsiva,
de arrojar palabras como caracoles,
de hacerlas chocar, de mirarlas,
de escupirlas como pepas de sandía.
 
El vicio que viene de la lengua,
de la piel, del vientre,
de la cabeza atormentada,
de la sangre misma.
 
El vicio que me nace en las noches
y a veces en las tardes muertas,
que regresa como la marea
y como las historias de amor.

El vicio solitario de sentir(me)
y de ver(te) en mis pesadillas,
de intentar exorcisar los fracasos
y proclamar mis pocas victorias.

El vicio privado que se hace público
y me agarrota los tendones,
el vicio de escribir para mí,
para ti, para todos y para nadie.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Y ya no te creo


Y me preocupa sentir que ya no duele.
Apenas un hormigueo de molestias vagas
ante el descaro de las mentiras.
Los muertos son los que no sienten.
Y las esperanzas y las confianzas muertas
enterradas bajo un cúmulo de decepciones
donde no se escuchan ni mis viejos lamentos.

Y me preocupa darme cuenta que ya no me importa.
Que ya no te creo, que ya no me asombra,
que las burlas pasan sin rozarme la espalda.
Que sin rabia verdadera no puedo intentar nada
porque ya no hay ganas de dar la vuelta
y oí de nuevo zumbar tus halagos huecos
pidiendo mi cuerpo con la cabeza en otra parte.


Que he perdido la fe en ti.
Que no la perdí, que tú la destrozaste.
Que ya no me da ni pena.
Que sólo extraño cómo era yo
cuando te creía.


martes, 24 de noviembre de 2009

(sin asunto)


Hoy no puedo escribir. 
Simplemente, me atoro con las ideas. 
No soy capaz de sacarme de entre las costillas 
toda la frustración enredada, 
los rosarios de decepciones amarradas. 


Hoy la rabia no me empuja hacia adelante:
ha decidido replegarse sobre sí misma
enfurruñada como niña chica,
como la tímida vecina tristeza
de la que siempre se ha burlado.


Hoy la confusión no estalla como petardos
dibujando en el cielo (o en el suelo)
desordenadas estrellas de colores,
sólo se me estanca como papel mojado
atorado en el borde del desagüe.


Hoy se me fue lejos la inspiración.
No quiero seguir manoseando las teclas
como si a punta de masajes se pudiera
hacer volver lo que jamás hemos tenido.
Hoy (creo que) no voy a escribir.



martes, 17 de noviembre de 2009

La angustia, por qué quiero, por qué escribo...


La cabeza hinchada, los ojos ardiendo, la sangre agolpándose en las sienes con ganas de huir lejos del alma atormentada...

Es como si el cuerpo se uniera a la rebelión del alma, como si gritaran juntos en son de protesta por el maltrato, por el descariño, por la injusticia, por las mentiras, por la insinceridad, por las traiciones de todas las formas, tamaños y colores...

Las manos se deslizan inquietas por el pelo, por el teclado, por la cama, por los labios, por la nuca... como si buscaran el lugar del reposo, la bahía exacta, el fondeadero donde guarecerse de toda las formas de furia del cielo... 

La única forma de refugio que he encontrado está en otros cuerpos: parejas, amantes, amigos, amigas... todo cuerpo que me brinde el afecto y el calor que necesito para soldarme a mí misma...aunque a veces sospecho que el secreto no reside propiamente en los otros ni en mí misma, sino en el puente del vínculo, en la confianza infundada, en el cariño sincero, fugaz e imprevisto, en la férrea determinación de jugar a la eterna ruleta rusa de la fe en la humanidad... y en saber que el riesgo de perder es lo que nos impulsa a jugar...

Perder sólo me desanima por un rato, pero nunca aprendo a desconfiar. Me gusta crear lazos, aunque después se lleven un trozo de mi piel con el lazo arrancado... y aunque duele lo acepto: pero cada minuto compartido, cada risa, cada mirada franca... eso no se va. Lo comido y lo bailado...

Las líneas que salen de mis dedos, las letras que se me cuelan de por entre las articulaciones, por debajo de la lengua, no son más que intentos de entender cómo funcionan mis puentes hacia el mundo, de teorizar y racionalizar lo que siempre a ras de piel: necesito a los otros. Mi mente necesita otra mente que dialogue con ella, mi cuerpo pide otro cuerpo al que sentir, mis ojos necesitan mirar en la compañía de otros ojos... No es rechazo a la propia individualidad, no es aferrarse a un otro que me saque la soledad existencial (que no se va a ir nunca), es la mera constatación de que nos necesitamos. Tan simple como eso. Nos necesitamos unos a otros. Hasta para la soledad.



Aspirinas


La ansiedad baja por la garganta como gusanos vivos y fríos. Ya no quiero escuchar más gritos, más llantos, más quejas, más peleas, más voces que chocan sordas contra las otras voces. La angustia se me acumula sobre la espalda, se vuelve dolor físico.Los fantasmas se vuelven corpóreos en la cabeza.

Doy vueltas en la cama sobre mis costillas, mis cabellos se pegan a la almohada, a las sienes, a los ojos. No necesito demostrarle nada a nadie, mucho menos tratar de venderme a mí misma una imagen de estoicismo que no necesito. Saco una aspirina de su cajita, esperando que ese comprimido blanco, si no puede matar los demonios de mi cabeza y los que duermen en el dormitorio de junto, los ecos de las disputas huecas, los malos recuerdos de años de mierda, sí pueda al menos matar el dolor de cabeza.


martes, 3 de noviembre de 2009

Después de esa pelea...


La rabia que se apodera de mis entrañas
y hace que bufen como en pelea de perros
la rabia que me consume y que me quema
como piras de papel ardiente

la rabia que se me incrusta bajo los dedos
la que me hace batir furiosa la lengua
la rabia que me impregna los ojos y la voz
y se derrama en medio de la mesa


la rabia que me acompaña en los días
y a veces también en las noches
gatas en celo, manada de ratas negras
persigiéndose en círculos concéntricos

las vísceras blandas, rojas y calientes
ahogadas en ganas de arrancarte los dientes

Exorcismo


Ya vuelven graves y diáfanos los recuerdos fantasmales. Cada noche se arrastran por las paredes, se descuelgan desde los enchufes, se esconden en el espejo.Los alaridos de cada capítulo se meten bajo mis uñas, hacen eco en mis huesos, me pintan cada poro de la piel con los azules, verdes y rojos tornasolados grandilocuentes de sus propios egos. Cada noche veo sus(tus) rostros reflejados en el del anterior, como una diabólica progresión matemática: se(te) repiten, te(se) repiten, se(te) repiten...

Cada noche me exorciso de mis fantasmas invocando la calidez de uno de sus cuerpos, la presión de una de sus manos sobre mi cintura, el aroma de uno de esos cuellos, el sabor de una de esas lenguas... entonces, aspirantes a machos-alfa al fin y al cabo, los demás se retiran indignados, y el pasajero vencedor de esa noche se tumba a la orilla de mis sábanas, hasta que mi sueño le sirve de excusa para irse sin despedidas. Otra vez.


lunes, 2 de noviembre de 2009

Reproches dodecasílabos (soneto)


¿Más miedo a la dulzura que a la violencia?
¿A la ternura y no a la agresividad? 
¿No es eso más miedo a ti mismo que a mí?
¿Con verme en pedazos niegas la verdad?

Cuando desarmadas mis manos están
de mi lado te alejas con desagrado
como si con sólo tocar esta piel
a las cadenas te vieses condenado.


Si mis ternuras te causan estertores
y te asusta ver lo que hacen las bondades
puede que me lleve lejos mis amores.


Pero vanos son mis versos y verdades
si cuanto sale de mis labios cantores
se olvida y lo niegas en otras ciudades.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Palabras

A mis "seguidores":
Jaicius, fuente clara de palabras bellas como gaviotas;
ђ nCrprs, remolino de pulsiones, mano amiga en el infierno.


Me gustan las palabras de otros 
acompañantes que una se topa de vez en cuando:
algunos tienen palabras que danzan,
que giran con gracia en la pantalla,
que se deslizan bellamente en la noche;

otros, palabras que aúllan,
que desgarran tímpanos, que remecen almas,
que inyectan verdad y sangre en la cabeza.

No me gustan las palabras dispuestas
en filas militares, frías, perfectas, 
analizadas concienzudamente:
me saben deshonestas.


Las mías corren torpes como niños
tropezándose solas como borrachos
y al igual que los niños y los borrachos
a veces inventan historias
pero no saben mentir.

El príncipe azul destiñe al primer lavado


La promesa se hizo juramento y el juramento se hizo cadena
la ilusión se volvió certeza y la certeza fue decepción

los amores crecen / maduran / envejecen / mueren
y mientras tanto se marchitan y pudren en el sillón


los sapos convertidos en príncipes se vuelven sapos otra vez
las princesitas rescatadas de las garras del dragón
día a día, poco a poco se vuelven brujas también
los cuentos de hadas suelen volverse cuentos de horror

Ojo con los avisos comerciales:
lea la letra chica
el león no es como lo pintan
publicidad engañosa
Disney miente
el príncipe azul destiñe al primer lavado.

Sur la nausée après de pleurer


Esa naúsea que se apodera de mi garganta
cuando el llanto se bate en retirada,
el asco que sube centímetro a centímetro
y se me queda en las muelas, en las mandíbulas
en el pecho, en la boca del estómago.


Quisiera sacar de mí esta confusión
omelette de dolor, rabia y esperanzas vanas
optimismo depresivo, tristes alegrías
todo lo que se me estanca como coágulos en el alma


El asco después del llanto
las ganas de sacar lo que las lágrimas
no pudieron limpiar.